Hablar en público: controlar el miedo escénico

Hablar en público

El miedo escénico es una condición muy común y afecta incluso a las personas con más experiencia y más cualificadas, profesionales que, en principio, no deberían tener ninguna razón para temer el juicio del público.
A menudo, de hecho, son precisamente las personas más acostumbradas a las audiencias, las que viven con más ansiedad el momento de presentar sus ideas y sus proyectos en público.

La “ilusión de la transparencia”, es decir, la creencia por parte de los oradores de que sus estados de ánimo internos lleguen a ser visibles de forma clara y fácilmente percibidos por los oyentes, es a menudo el punto de partida de un círculo vicioso que conduce a una escalada de intensidad del miedo escénico, impactando negativamente en la eficacia de la presentación.

Un interesante estudio publicado en 2003 por el “Journal of Experimental Social Psychology“, realizado por Kenneth Savitscky y Thomas Gilovich, averiguó la hipótesis de que, para mejorar el rendimiento de una presentación, bastara con informar al orador sobre el hecho de que simplemente no es cierto que las emociones se manifiesten de forma tan clara y que la mayoría de las veces el público no llega a notar nada del miedo escénico del poniente.

Los que hablan en público, a veces, pueden percibir que su nerviosismo es evidente, pero sus sensaciones, en realidad, no resultan tan visibles para el público general. Sin embargo, nuestra experiencia emocional es tan fuerte, que estamos seguros de que nuestras emociones son patentes a todo el mundo.

El pasado enero, el famoso director de Hollywood, Michael Bay asistió a la presentación de los nuevos productos de Samsung en el CES de Las Vegas, una de las mayores ferias de electrónica en el mundo, y tenía que subirse al escenario para hablar junto con uno de los principales ejecutivos de la empresa acerca de una nueva serie de televisores de ultra-definición. Sin embargo, el teleprompter dejó de funcionar y Bay se quedó en blanco hasta que de repente decidió abandonar el evento. Bay fue victima de miedo escénico por la ilusión de la transparencia.

Por mucho que nos parezcan graves, debemos saber que los problemas técnicos son un inconveniente muy gestionable. Un buen orador incluso podría aprovecharlos para añadir un poco de frescura e ironía y hasta mejorar el impacto de la presentación. El conferenciante debe ser conciente de que su papel fundamental es el de entregar un par de mensajes clave a su público. Por tanto, nunca debemos sobre-reaccionar. Respira, sonríe y adelante: The show must go on.

De hecho, si el orador domina su discurso, no hay razones para sucumbir al pánico. El público está allí para escucharte y por lo general está bien dispuesto hacia el poniente. Lo puede aceptar prácticamente todo, salvo lo de abandonar el escenario…

Utilizando el mismo ejemplo de Michael Bay podemos notar algunos datos interesantes desde el punto de vista del lenguaje corporal. Al apretar la mano del directivo de Samsung, su pierna se dispara hacia arriba de forma descontrolada: Bay no tiene el control de su cuerpo. El director ya no lo estaba haciendo bien y su cuerpo sabía que se encontraba en problemas antes de que ‘El problema’ comenzara. Eso hizo que resultara mucho más difícil responder al fallo del teleprompter cuando ese surgió.

¿Qué se puede aprender de una crisis como esta?

1. Al hablar en público, nunca confíes totalmente en un discurso con guión.
Las diapositivas, o el teleprompter, son una ayuda valiosa, pero no podemos limitarnos a leer un texto. La presentación pierde en vitalidad y fuerza de persuasión, además, no hay razón para que el público acuda al evento si se puede descargar el texto y las diapositivas. Infografías y fotos son un suporte extra para la audiencia, pero el orador debe ser independiente de ellas.

2. Siempre hay que tener un ‘plan b’ por si la tecnología falla. Hay que mantener la calma y saber improvisar. Sonreír, y seguir adelante. No alimentes el error con el drama: Nada es un problema para el público si este no viene tratado como un problema por el propio poniente. Michael Bay hubiera podido improvisar y charlar sobre el nuevo televisor de Samsung, sin el aburrido guión, y seguramente habría sido diez veces más atractivo.

3. Si tenemos que leer un guión escrito por otra persona, debemos enfatizar los mensajes clave y centrarnos en destacar los elementos de estilo propio. Cada uno de estos mensajes clave se convierte así en un lugar donde marcar una pausa, mirar a la audiencia y fijar las ideas. Pero es la aportación de estilo personal lo que crea engagement y empatía con el público. Este método ofrece una gran sensación de control y reduje drásticamente la ansiedad por hablar en público.

4. Es bueno dividir el discurso en 2, 3 o 4 partes y conocer la diapositiva clave para cada una de ellas. Es más fácil de recordar y nos mantiene en el camino, incluso si se verifica un problema con la tecnología, permitiéndonos realizar un resumen del bloque sin esfuerzo. Steve Jobs fue un maestro en la estructura por partes.

5. Prepararse para lo peor. ¡Hay que ensayar! Aunque tu intervención sea breve y aparentemente fácil. ¡Tienes que ensayar y punto! Y es necesario tener un plan b en caso de problemas técnicos, porque antes o después te van a ocurrir, de una forma u otra.

6. Espera lo mejor. Necesitamos animarnos emocionalmente para salir al escenario y ofrecer una buena actuación. Si te enfocas en tus nervios o en lo que podría salir mal, acabarás como Bay. Es una lucha perdida antes de empezar. Céntrate en la oportunidad positiva y en lo bien que va a salir. Estas preparado y lo sabes hacer. ¡No eres transparente!

7. No te enfoques en ti mismo, sino en el trabajo que tienes que hacer. El trabajo de Michael Bay era de decir algo positivo sobre el televisor de Samsung. Cuando el teleprompter falló y Bay dijo: “Voy a improvisar”, eso era exactamente lo que debería haber hecho. Su compañero de escenario intentó llevarle hacia al televisor que estaba expuesto, para que se olvidara del teleprompter, pero Bay ya estaba demasiado centrado en su propia incomodidad y no pudo con ella.
Bay no podía evitar de mirar al elefante en la habitación – el teleprompter que no funcionaba – porque no tenía suficientemente clara su misión para llevarla a cabo a pesar del elefante.

Debemos saber que subidos a un escenario, no tenemos que ser perfectos, pero sí tenemos que hacer el trabajo y llegar hasta el final. La huida nunca es una solución. Tenemos que adueñarnos del espacioy del control de nuestro cuerpo. El público está bien dispuesto hacia nosotros, diversamente no habría venido, no es un pelotón de ejecución, un coach puede ser una ayuda muy valiosa para superar el miedo escénico y afinar nuestra técnica. Y, finalmente, hay que practicar y practicar, ya que: “La excelencia no es un acto, sino un hábito” (Aristoteles).

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